jueves, 23 de julio de 2020

CHÁCHARAS: SE TRAGÓ UNA MONEDA DE 25 PESOS


Estas cháchara fue escrita en el año 2011; hoy la reedito para conocimiento de mis nuevos seguidores.
Por Henry Osvaldo Tejeda Báez
Hace unos cuantos años, en la capital dominicana, un niño se tragó una moneda en horas de la noche y su familia se pasó toda la noche entre hospitales y clínicas sin lograr que le atendieran al niño. Dice el padre, que lo llevó al hospital Luis Eduardo Aybar y no lo atendieron, porque no apareció ni un médico, y a los que llamaron, dijeron que no estaban disponibles. Eso les pasó también en la Plaza de la Salud y en otro hospital. Es una vergüenza cómo anda la salud en este batatal con luz.
Ya como a las 4 de la madrugada, lo llevaron a una clínica donde fue atendido por un chino, lográndole sacar la moneda del estómago.
Este tipo de historias, son las que dan origen a mis chácharas, independientemente de lo penoso y preocupante del caso, al escribirlas para el lector, éste siente una mezcla de pena e indignación, pero al final se ríe, no del problema en sí, sino, de la narración de la historia por los  adornos que se me ocurren ponerle para hacerla menos sobrecogedora y hasta un poco risible y así, conseguir del lector, aunque sea una gesto de satisfacción.
Si ese niño hubiera sido el hijo de un funcionario del gobierno o un rico cualquiera, hubieran sobrado médicos, como perros detrás de una perra en celos; la mitad hubiera sido demasiado pero como el chico es el hijo de un descascarao, nadie lo quiso atender. 
Si yo estuviera haciendo unas de esas chácharas que escribo de esta situación, lo primero que huiera hecho era mentarle la mai al presidente, por mandar a fabricar las monedas de veinticinco centavos de un material que no es atraído por el imán, pues si se construyeran de otro metal, digamos como el hierro, hubiera sido posible sacarle la moneda al niño por el ojo trasero mediante una varita fina dotada de un pequeño y poderoso imán en la punta y no habría necesidad de hacerle una operaración de sieso abierto, es decir, no hubiera sido necesario abrirle la alcancía; ¡Ay, no, no, perdón, quise decir a la barriga, para sacarle la moneda.
Reitero, si yo estuviera haciendo unas de esas chácharas jocosas con ánimo de sacar una carcajada, sobre este caso, le hubiera puesto un dejo del sazón hilarantte de "ocoeño relajao". Si ese caso se hubiera dado en un campo de los mas remotos de este país, ese niño se tuviera que pasar unos cuantos meses con esa moneda en la alcancía ¡cojollo! ¡Ay, no, excúsenme ombe, quise decir en la barriga!, ya esa moneda hubiera generado intereses, porque en este "cuesco" de nación, hasta los dolores de barriga suben de precio y los médicos ni respetan ya el juramento hipocrático, lo cambiaron por el juramento "hipodinérico". 
Usted puede estar retorciéndose de un dolor en la misma puerta de emergencia de un centro médico, y si no tiene aunque sea un pincho  en los bolsillos, ahí mismo se lo llevó el Pecusio porque lo primero que le preguntan es: ¿Tiene usted seguro médico?
Este es el país, donde tenemos un presidente que no conoce el Pichirrí" de pollo y que tiene años diciendo: "He pa'lante que vamo!
Recuerde, que vivimos en un conuco al que nos ha cogido con llamarle país.

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