miércoles, 3 de septiembre de 2014

VIVENCIAS EN SAN JOSÉ DE OCOA: FRUSTRACIÓN DE UN CANTANTE DE PATIO


 

Por Asdrovel Tejeda


Corrían los primeros días de octubre y la brisa que bajaba de los balcones de La Loma del Rancho, anunciaba que la Navidad venía presurosa a ocupar, con sus colores tradicionales, el espacio que a través de la historia, había creado como suyo. 

 


No sé bien, a quién se le ocurrió en ese año del 1972, pero con los impulsos que generaron los festivales de la voz de El Show del Mediodía, con su lista de artistas triunfadores, a alguien en el liceo José Núñez de Cáceres de San José de Ocoa se le ocurrió la genial idea de copiar el dichoso festival.

 

Con el anuncio de ese festival de la voz, ahí comenzó el acabose entre la muchachada del liceo secundario, al punto que, a todo el que abría la boca aunque fuera para estornudar, se le ocurría adquirir condición de cantante.

 


Una larga lista de imberbes artistas de patio, se inscribieron en el festival. La lista comenzó con Ramón, el hermano de Elías Tejeda; este, tenía una gran tradición artística, pues su papa había grabado un disco de 45 RPM, muy escuchado en el bar tres rosas, además participo en el festival de la voz, sí mal no recuerdo su nombre era Milcíades.

 


Nancy Pimentel, Rafelín González , Fernando ( los apellidos me andan corriendo) Rafael Tejeda, mi hermano, Amelia Tejeda, mi hermana, una media docena más de los que no recuerdo el nombre y yo. 

 


Recuerdo que, la inauguración se dio en el salón de actos del liceo, con un jurado de tres personas, siendo su presidente Rafael Fermín, quien era el gerente del banco popular y mi cuñado, y el encargado de la música y además de la maestría de ceremonia, mi primo Henry Osvaldo Tejeda.

 


Recuerdo que mi querida hermana, no paso del primer intento, pues por alguna razón, olvidó la letra de la canción y quedo semi muda en el escenario, sólo balbuceando algunas palabras incoherentes. Yo, que acometí (de acuerdo a mi apreciación) mi actuación de manera muy elevada, vi con cierta incomprensión que, de todo el público, estaba lleno a rebosar el salón, sólo una persona de nombre Mirita, me aplaudió a rabiar.

 


Es de hacer notar que, Mirita, para ese entonces, era mi novia y, aparentemente mi actuación no fue de mucho agrado, pero como el presidente del jurado era mi cuñado y el maestro de ceremonia y músico, lo era mi primo, pase a la siguiente ronda. La única eliminada en esa primera ronda fue mi hermana; estoy seguro que sí no se frisa, hubiese pasado a la siguiente, pues teníamos relaciones con los altos jerarcas del festival.



La segunda ronda, una semana después, fue en el club social Ocoa inc., ubicado en la calle 27 de febrero, casi frente de la oficialía civil. Esa noche fue un toque de queda en que, todo el pueblo, se concentró en el club y sus alrededores,  y yo, muy ufano, me daba como uno de los ganadores, pues había llevado una de las canciones más populares de la época, titulada “Viejo amigo”, de Anthony Ríos.

 


Todavía recuerdo algunas estrofas, y recuerdo que salí como un torero con traje de luces a matar, sin embargo, no me salvó ni mis influencias en la dirección del dichoso festival, y lo único que gane fue que mis amigos empezaran a llamarme "Viejo Amigo", mote que me quedo por largo tiempo. 

 


Sólo me sirvió de consuelo, que de 16 participantes, quedé en el lugar número 11 y eso no está mal para alguien que ya se veía cantando en el Madison Square Garden lleno en su totalidad y con un público femenino delirante y,  gritando mi nombre. 

 


El dichoso festival en la tercera y última ronda, pasó al cine Rhand, ubicado frente al parque Libertad (el principal de Ocoa). Los jurados dieron por ganadora a Nancy Pimentel, pero el público no estuvo de acuerdo y armo un gran “titingó”, con empujones con voceaderas incluidas y, con amago de pasar a cosas más grandes.

 


Así que de alguna manera alguien dirigió a los descontentos a la calle y allí, se convirtió en una manifestación en contra del gobierno, dando como motivo la intervención de la policía, para dispersar a los manifestantes.


Desde ese efímero paseo por la fama, nunca más volví a cantar en público, más, debo reconocer que, algunas veces, cuando estoy sólo en la casa agarro un cepillo como si fuera un micrófono y me pongo frente al espejo y comienzo a entonar con voz potente, estrofas del tema causante de mi gran frustración. “Viejo Amigo, hoy vengo a contar mis sufrimientos, es la historia que callado llevo dentro…….

 

 ¡Ah!, además del mote, Mirita, quien fue mi apoyo incondicional en la primera ronda, en la segunda, me dejo por otro.

(Asdrovel Tejeda, es un poeta ocoeño, primo hermano del director de este blog).

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