miércoles, 21 de octubre de 2015

VIVENCIAS EN LA ROMANA: DE LAVADOR DE CARRO A CASI CUNDANGO


Por Henry Osvaldo Tejeda
Hablar de los homosexuales no es tan fácil, por lo quisquilloso que es este tipo de persona, pero también los que, dizque no son de ese  "partido", pero les sale la cundanguería hasta por los poros.

Hay personas que sin haberse declarado pájaro, la gente comienza a poner en duda su machismo, porque les brota la pajarería tal vez hasta sin darse cuenta. Se le brotan los ojos cuando le miran la retaguardia de otro hombre que pasa, etc., pero todavía sin declararse, la gente solo sospecha, porque esas aves (aún sin plumas a la vista) son torpes en sus inicios, y no se saber "partir" como un cundango de la vieja guardia.

Siempre aparece un jodón que le comenta a alguien en voz baja:

"Si ese hombre no es un cundango, te puedo jurar que en su testamento deja dicho que le lleven un hombre a la morgue". El pueblo es muy sabio, y más cuando se trata de este tipo de cosas.

Es normal que los hombres de cierta edad acudan al médico a chequearse  la próstata,  aunque no dudo de que haya algunos (cundangos no declarados), que acudan con frecuencia a clínicas y hospitales diferentes (diferentes porque si lo hace en el mismo lugar, el doctor puede sospechar que el tipo solo va a que "lo claven") dizque a que le revisen el "mofle" pero con su segunda intención.

Hay gente que piensa que no se le puede llamar  un hombre: pájaro Chogüí, cundango, afeminado, cigua canaria, "doble tiro", u otro epíteto de esos, que cuando va a hacer el examen de la próstata y que, cuando el médico le tiene el dedo clavado en la "Puert´e campo", el hombre quiera hasta enamorarse del doctor. No señores, hay que ser realista, es una zona muy sensible y he escuchado que el paciente,  puede hasta tener una erección.

Debo aclarar que, yo no he tenido  "el gusto" de hacerme ese examen, solo digo lo que he escuchado por tanto, no empiecen a elucubrar conmigo, aunque reconozco que hace tiempo que debí haber ido, y tampoco me echen en cara de que no he ido, por miedo a "irme para el otro lado". ¡Zafa!.

A propósito de próstata, médico, pájaro y todo lo que he mencionado, quiero relatar lo que me contó un amigo mío de aquí de La Romana a quien apodan "Mañarro"; un lavador de vehículos con quien he conversado infinidades de veces, por lo jocoso y "pasao" que es.

Mañarro, es tan relajao, que de todo saca un cuento, por eso, no digo que sea verdad lo que me contó sobre la vez que, según él, fue al médico a chequearse la próstata. Miren ustedes como comenzó su historia.

_Mira Henry, (En Ocoa, me llaman Osvaldo) uno no puede escupir para arriba,  y tu bien sabes por qué, yo siempre he criticado y me he reído de los maricones y ni te imaginas la manera tan despiadada como los he criticado. -Esto lo dijo con un dejo de culpa, luego siguió-

_ Hace días fui al médico por el asunto de la próstata y cuando vi al Doctor ponerse un guante en la mano derecha, y vi el tamaño que tenía el dedo largo de su mano, hasta me asuste, me dieron "esteriquitos", se me pusieron los ojos como dos mamilas de biberón de niño, y hasta me dio deseos de salir "juyendo". ¡Maldición!, ¿cuál será el pensar de este hombre?, fue lo único que atiné a pensar.
_ Pero, no hay por qué asustarse, el doctor no te iba a matar, nadie se ha muerto por un simple chequeo de ese tipo. -Le dije-
_ Eso piensa uno cuando llega a la clínica -Me contestó-, pero ese dedo parecía una mano de pilón forrada con goma, y  es que parece que a ese médico se le ha desarrollado demasiado ese dedo de tanto usarlo, porque hasta un nudo tenía en la punta y me lució que estaba hasta "boto". ¡Santísimo, que ganas tuve de salir "bandiao!

Mañarro me cuenta, que se quedó en el consultorio para aguantar para demostrarse a él mismo que era un hombre a carta cabal y que nadie podría poner en duda su hombría, por eso se quedó ahí para soportar estoicamente como todo un "hombre", lo que estaba por venir.

Mañarro dijo "como todo un hombre", pero él no se imaginaba para lo que un hombre puede dar, en un momento de "debilidad".

_ El doctor me tranquilizó -Siguió contándome- y me explicó que eso no era cosa del otro mundo (yo pensé, claro que no es del otro mundo, porque no es a tí a quien le van a mete ese bate 38 por detrás), y me dijo que eso pasaría en un momento de un máximo, dos minutos. ¿Queeeeee, dos minutos? Dios mío, me jodí, fue lo que pensé. Preñado salgo yo de aquí.

"Cuando el doctor me dijo, ¡póngase en "cuatro"! por poco me desmayo, entonces empezó a meter ese "dedo-bate" dentro de mi señorita humanidad. En un momento sentí una pequeña molestia pero a medida que el Dr. zanguluteaba el dedo, como buscándome el punto G, me entró una "calentura" tan grande que, cuando "mi novio" (Adiós carajo, perdónenme, quise decir, el doctor) quería sacar el dedo de mi "mofle" le dije:
_Dígame Doc., ¿ya está terminando?

"Él me contestó que ya había finalizado el coito (¡Perdón de nuevo, quise decir, finalizado el chequeo), entonces le dije:
"Doctor, por qué no deja usted ese dedo un ratito más ahí, no creo que ahí afuera haya más pacientes.

El doctor se quedó mudo cuando le dije eso, y por quedarse así, yo pensé que ya estábamos entendiéndonos, por tanto le solté una que fue el peor error que cometí cuando le dije, "¡échese pa'ca, pa'darle una chuliaíta!.

"Ahí mismo me jodí, pero era que yo estaba ya muy caliente, y juro que luego me quería morir de la vergüenza cuando el Doctor reaccionó diciéndome:
 _Señor, pero usted si fresco y atrevido! ¿Usted me está viendo cara de maricón?

Fue lo único que me dijo, y salió del consultorio haciendo buches con la boca, y todavía con el guante puesto, pero con un leve color amarillento en su famoso dedo-bate.

Yo no aguantaba más la risa, no tanto por las ocurrencias del amigo, sino por la seriedad con la que me las decía.

Para no cansarte el cuento -Me dijo- ya no hablo tan mal de los cundangos, es más, cuando veo a un hombre "buenmozón" me dan unas ganas de tirarle un piropito. ¿Tu crees que ya estoy "del otro lado" ?
Pero, ¿de qué carajo te ríes?

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